Dar

En Jesús recibimos lo que no podíamos ganar: nuestra salvación. Todo lo demás que tenemos nos llega de la misma mano.

Por eso damos. Nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestros dones le pertenecen a Dios, y los ponemos al servicio de Su Iglesia para que el Evangelio siga avanzando entre nosotros y más allá de nosotros.